¿Cómo volar hacia Utopía? Esa era la pregunta que todxs se hacían. Decidieron que lo mejor era construir un aeropuerto.

Pero no bastaba con construir un aeropuerto, era necesario diseñar aviones lo suficientemente dúctiles para poder llegar…

Sin embargo, no todxs querrían viajar a Utopía, por eso los precios deberían ser accesibles. Ahora, ¿para qué ir hacia allí? ¿Qué tendría Utopía que no tuviese otro lugar? Algunxs la imaginaron como ese paraíso perdido de felicidad, paz y armonía.

Algunx ya descreían que Utopía pudiese existir. Otrxs más radicales, ya decían que no tenía sentido construir un aeropuerto para un lugar que nunca existió ni va a existir.

Para el inspector Humberto Cochabamba, Utopía ya vivía en cada unx que la recreaba en su mente. O sea, Humberto tenía la teoría por la cual si unx quisiese un mundo más justo o igualitario, cooperativo y solidario, de sólo llevarlo a la práctica individualmente, una pequeña utopía ya se convertía en realidad; y encima, si a esa se le suman otras, Utopía podría ser habitada sin necesidad de construir aviones o aeropuertos, o sea el lugar de Utopía sería cada unx.

Compartir utopías era una mala noticia para lxs opsitorxs del inspector Cochabamba, también conocidxs como lxs distópicxs. Todx distópicx asume que las personas en sí poseen contradicciones y conflictos casi irresolubles, y que el falso ideal de utopía, lo único que haría sería crear falsas expectativas y así no permitir que unx aprenda a vivir con esas contradicciones o conflictos.

En realidad, en contra de lo que muchos piensan, Humberto no está en desacuerdo con lxs distópicxs, más bien, él cree que ellxs están en lo correcto, porque más allá que cada unx pueda recrear pequeñas utopías, éstas no pueden ser estáticas, por lo general habría un salto de utopía en utopía, generándose nuevas distópicas utopías en constante transformación.

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