Una de las primeras declaraciones del presidente Alberto Fernandez desde que se consideró al cononavirus como pandemia fue que a la Argentina le habían dado tiempo. En varias notas venimos sugiriendo que el tiempo que se nos ha dado es para que podamos prepararnos para enfrentar la enfermedad, no para esquivarla. En un mundo que no tiene ni tratamiento, ni vacuna, ni la capacidad de producción de los elementos específicos (trajes, respiradores, etc.) que se necesitan para la atención y/o erradicación del virus COVID-19, sólo queda la preparación como protección.

Curva de crecimiento de la pandemia en Argentina

Es por esto que lo más duro vendrá a partir del 12 de abril, día en que termina el aislamiento social en forma rigurosa y adoptará nuevas modalidades. A partir de allí comenzaremos a transitar el delgado equilibrio entre una crisis sanitaria y una crisis socio económica.

En lo sanitario, nuestro país es pionero por lo que no sabemos cómo será el resultado de haber decretado el aislamiento en forma previa a que explote la curva de casos. Es decir, por ejemplo, que en nuestro país no podríamos aplicar la teoría de Tomas Pueyo quien estima que (a nivel mundial) por cada muerte existían 800 casos reales de coronavirus, esto es por la diferencia entre casos diagnosticados y casos reales*. Esta proyección deberíamos desestimarla debido a que la contención de los posibles focos de contagio (quienes viajaron al exterior) comenzó antes que en cualquier parte del mundo. Sí podemos saber qué sucedió en aquellos países en los cuales no se actuó rápidamente.

España e Italia han superado las 10.000 muertes y más de 100.000 contagios cada uno, con una tasa de mortalidad que ronda el 10% (nuevamente diferenciamos entre casos reales y casos oficiales). En distintos países la crisis ha llegado a la deshumanización total y ha sacado lo peor de la sociedad individualista a la que hemos estado expuestos (y hasta a veces cómodamente expuestos). En lugares como Bélgica se ha recomendado que los adultos mayores no sean hospitalizados y que se priorice a quienes “tienen chances de vivir”. Estados Unidos ha superado los 300.000 casos pero se sigue preocupando por intervenir otros países y no por combatir la pandemia. En Ecuador las personas han llegado a dejar en la calle a sus muertos ante la falta de respuesta del sistema de salud y la suspensión del servicio funerario, algunos difuntos han pasado hasta tres días en sus casas. Éstas son sólo algunas muestras de lo que sucede cuando un sistema de salud colapsa y de las reacciones que han tenido distintos gobiernos.

Ante éste panorama sanitario, ¿cuál era la realidad argentina?

El área de Salud había sido degradada en el gobierno nacional anterior de Ministerio a Secretaría. La economía argentina creció sólo uno de los últimos cuatro años y sólo comparando el 2017 con el 2016 que fue un año muy malo. Con una inflación que rondaba el 50%. Sin ingreso de dólares, con una deuda externa asfixiante, habiendo contraído el mayor crédito otorgado por el FMI para poder continuar con la cadena de pago de la deuda adquirida y en virtual cesación de pago a partir del “reperfilamiento” que se había empezado a hacer a partir del segundo semestre de 2019. La pobreza llegando al 35,5%, lo que equivale a más de 16 millones de personas. Con gobiernos provinciales que deberían administrar los sistemas de salud también endeudados. En éste contexto, se han tomado medidas tendientes a amortiguar el fuerte impacto que casi un mes de virtual paralización y la crisis mundial tendrá en la economía, lo que de todas formas no será suficiente. El aumento en el gasto estatal (un Estado de por sí muy endeudado) se da en paralelo con todos los niveles de gobierno (desde nación hasta los gobiernos locales) con problemas de recaudación producto de la caída de la actividad económica y de las exenciones decretadas.

Creemos que es un momento bisagra del que debemos salir por arriba.

Ejemplos sobran respecto a cómo ésto ha llevado a que algunas personas sólo miren el bienestar propio por encima del colectivo. Gobiernos como el de Filipinas ordenan que se dispare a matar a quienes violen el aislamiento a pesar de que la crisis económica hace que en las casas mueran pero por el estómago vacío. El gobierno de Brasil nos demuestra los peligros de girar hacia la extrema derecha “nacionalista y religiosa” con un gobierno que no ha tomado medidas para el resguardo de la población preocupado Bolsonaro, como su referente Trump, en lo económico sin entender que vivimos en sistemas interconectados en donde unos nos afectamos a los otros. En Brasil se acaba de decretar un golpe “blando” quedando los militares como cabezas de gobierno, lo que recalca la importancia de tener Memoria y nos hace comenzar a lamentarnos los tiempos grises que vendrán en nuestro principal vecino de la Patria Grande.

Ante la inminencia de los desafíos que tenemos por delante nos quedan las alternativas de cómo enfrentarlos. A ésta altura creemos que la mayoría nos hemos dado cuenta de la importancia de un Estado presente y que, aún así, no basta. Más importante, nos hemos dado cuenta que no podemos enfrentar lo que viene con lo que tenemos en la casa, sea mucho o sea poco. O sea que hoy más que nunca eso de que lo material no importa es válido. Ergo, lo que te sobra puede que alguien lo necesite.

¿Y si te lo podés plantear vos en éste momento, qué podemos hacer como sociedad? ¿No es hora que los que más tienen sean quienes devuelvan algo de lo acumulado y/o lo que tantas veces les han perdonado?

Sólo por nombrar los últimos 45 años, creemos que podrían devolver algo en forma de impuesto de la estatización de las deudas privadas que llevó adelante la dictadura militar, que pueden devolver algo de lo que ganaron con las empresas nacionales que privatizó Menem, que redistribuyan algo de la pesificación asimétrica que llevó adelante Duhalde, y de la rifa a la que nos sometió Macri. Debería ser hora de que quienes más tienen más colaboren y por una vez, demanden menos.

Las preguntas sobran, el tema es dónde nos va a encontrar la respuesta. De un lado está un pueblo que va a ser sometido al hambre y del otro gente que va a ganar menos dinero o le va a tocar perder un poco, pero que hambre no va a pasar.

Nosotros creemos en organizarnos desde lo social, tejer redes para llegar a donde no llega el Estado, ¿vos? ¿todavía pensás que vas a salir del coronavirus como entraste? ¿de qué lado vas a estar?

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*La diferencia entre casos reales y confirmados radica en que no a todas las personas se les están realizando los análisis. Al ser una enfermedad “nueva” no se cuenta por ejemplo con la cantidad de reactivos necesarios. También existen casos como en Alemania donde no se realizan exámenes a los que ya han muerto por lo que no conocemos si el porcentaje de muertes por coronavirus es real.

Arte: Bansky

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