Los gobernadores prefieren aflojar las restricciones a la economía antes que permitir el regreso de niños a las calles.

Un tercio de los argentinos tienen menos de 19 años. Ninguno de esos niños y jóvenes ellos fue incluido hasta ahora entre las decenas de excepciones que tiene el aislamiento social obligatorio. Cualquier persona que camine por las calles puede ver que hoy ese tercio del país no aparece tampoco -o aparece en una proporción mínima, casi invisible- en las caminatas cortas para hacer las compras de comida o para pasear las mascotas, las dos situaciones típicas de liberación en las últimas semanas para quienes no están incluidos en la lista de actividades esenciales.

Ese peso de los chicos en el conjunto de la población argentina vuelve ineludible el análisis sobre el permiso para que salgan de sus casas y, a la vez, es el dato que más aleja la posibilidad de que vuelvan a las calles.

Los gobiernos de la provincia de Buenos Aires y de la Capital Federal, los distritos que concentran los focos de contagio de coronavirus más importantes, ya avisaron que prefieren dejar las salidas de los chicos para más adelante.

“Si salen los chicos hay que sumar los padres que los acompañen y eso es muchísima gente de golpe. Nunca hicimos hasta ahora ninguna apertura de esa magnitud y cada salida mueve la tasa de contagio”, le dijo un importante funcionario porteño a Clarín. Esta semana, la tasa de contagio, un cálculo que la Ciudad sigue con atención todo el tiempo, estuvo en 1,3 contagiados por cada enfermo cada cinco días. Ese mismo funcionario explicó además que, antes que permitir las salidas de los chicos, Horacio Rodriguez Larreta​ prefiere liberar algunos sectores que puedan mover la economía de la Ciudad. Incluso esa modificación será muy paulatina: para la próxima semana, el jefe porteño sólo pidió que se permita el retiro de comidas en los restaurantes y bares, algo que ya estaba ocurriendo de manera informal.

Algo similar piensa Axel Kicillof, que descartó la posibilidad de que vuelvan a circular los chicos en el conurbano y en las otras grandes ciudades de la provincia. El gobernador bonaerense tiene intenciones de reabrir las obras privadas de construcción, los oficios relacionados a esas obras, como electricistas, plomeros, carpinteros o herreros y las fábricas de calzado, algunos rubros de la industria textil y la metalmecánica, siempre en los municipios con baja o nula circulación del virus. En esos distritos con pocos contagios también volverían a sus estudios los abogados y los contadores.

La misma idea tienen Omar Perotti, en Santa Fe, y Juan Schiaretti, en Córdoba, los otros jefes de la lista de provincias más pobladas.

Esa situación revela que, en el caso de los chicos, vuelven a cruzarse las prioridades de la salud y de la economía, pero de forma inversa que la que aparecen en la discusión general sobre el aislamiento social obligatorio. El principal argumento de los médicos que plantearon la salida de los niños es que, si siguen dentro de las casas, su ánimo y salud mental podrían verse afectados. Algo similar plantean las familias que ven el sufrimiento de los chicos en el encierro constante y permanente. Por el contrario, el Presidente y los gobernadores que más mencionaron la preeminencia de la salud por sobre las consecuencias económicas, en este caso sostienen que prefieren privilegiar la alguna reactivación antes que abrir las puertas a los chicos.

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