El underground está en la cabeza

Todos tus muertos se formó hace un año y medio. Dos de sus miembros venían de Los Laxantes, uno de los primeros y auténticos conjuntos punks argentinos. Hoy Fidel, Félix. Cristián, Daniel y Gamexane no reniegan de aquel origen pero se proponen superarlo.

¿Cómo nacieron Los Laxantes?

– Los Laxantes empiezan en el ’79, época de represión dura. Era bastante difícil poder tocar, poder decir las cosas. La típica era caer presos en cualquier momento. Nos pasó varias veces. En ese momento todo lo que tocábamos y hacíamos era más visceral que ahora, más espontáneo y sentimental. No había proyectos ni plan para grabar algo, sino que era la actuación en vivo lo único que importaba. Todo era más radical. Como para llegar a grabar teníamos que transar, preferimos disolver la historia y quedarnos con ese sentimiento.

¿Cómo es el punk argentino?

– Acá el punk es de cuarta. Hay sí un movimiento y una onda pero está todo muy mezclado. En realidad, hay una unión que es la del under. El under está todo muy unido. De pronto, hay un concierto de alguien que no tiene nada que ver con el punk y ves punks, cuando por ahí en Inglaterra si toca una banda de otra onda, no verías un solo punk. Pero como acá todo está desprotegido, se refuerza entre sí. El punk se superó a sí mismo a partir de que en un primer momento se habló de anarquía, de caos, de destrucción; y después se pasa a algo que no es la explosión sino una ideología, una forma de vida. Nosotros también sufrimos ese cambio. En el primer momento, explotar y gritar. Ahora estamos en el segundo paso, como que analizamos todo ideológicamente, todo lo que decimos es más directo; antes era más el insulto, ahora se trata de ver dentro de todo ese caos y empezar a dividir.

¿Cómo es un recital de Todos tus muertos?

– Cada recital es una descarga de energía en los músicos y abajo, en el público; es una pequeña batalla que libramos entre todos. Somos bastante atípicos, nos manejamos más por la música, por tocar como queremos. En cambio acá, últimamente, la cosa empezó a pasar más por lo facial. No vamos pensando: iUy, la puta, la camisa, el pantalón..! Vamos así, nos levantamos de dormir así y así vamos a tocar. En un determinado momento se nos planteó elegir entre el arte y lo que puede ser el business del rock, el negocio, y elegimos el arte.

¿El underground se institucionalizó?

– Está de moda pero no es una institución  porque no tiene ningún peso. Si ponés adelante todo lo que pensás, y sentís y utilizás lo que te ofrece el sistema para gritarlo bien alto, no es criticable. Acá se considera underground lo peor. No tenés que tener un peso, te tenés que morir de hambre, tenés que tener los peores equipos y no, loco. Los Bauhaus, por ejemplo, son re under y sin embargo ves las producciones de los discos y de under no tiene nada. El under está en la cabeza, es el sentimiento, el comienzo de todo.

¿Ustedes para quién tocan?

– Nosotros ahora estamos aspirando a ser masivos. No ser un grupo de élite y que nos escuche únicamente la parte del mundillo de Buenos Aires que es la que curte los bares más under. En la gente hay una onda de rechazo y aceptación. Hay algunos que tienen una manera de ser en grupo con la que nosotros tratamos de romper. Por ejemplo, en un recital en Ezeiza, Fidel salió con una cruz y se la pasó por las pelotas y los chabones no se la bancaron. En otro momento, hubo un grupo de punks que estaban bailando y una banda de la J.P. los fue a correr y a pegar. Fidel entonces los encaró y les dijo: «No hay que pelear entre la gente, peleémonos contra la policía. El problema no es que haya diez mil ondas diferentes. El problema es que no se banquen entre sí.

¿Ustedes creen que la música está relacionada con la política?

– La política es parte de la vida, pero los partidos no nos interesan La política no es solamente estar en la Casa Rosada. Nos afecta a todos; a dos personas que están en silencio sentadas en el tren que va de Lisandro de la Torre a Olivos. Existe toda una ideología y una política que es la de estar callado, la de estar ausente, separado, como una hormiga adentro del hormiguero, trabajando y encerrado en la propia historia, sin compartir nada. Esa es una de las políticas que nos metieron en la cabeza, la separación, la política de la comisaría, circule, circule y no se detenga ni por nada ni por nadie.

Ustedes hablan del «sarampión nacionalista».

– Sí, acá la gente siempre espera que les des el toque, le mandés la frase para que al loco le levante el ánimo. Pero en el ’78, cuando se jugó el Mundial, ¿quién decía »mirá el presidente ahí, con el pueblo»? Cuando se armó el kilombo de las Malvinas, Galtieri salió al balcón y ¿quiénes son los boludos que fueron? Eran canas. De gente así te podés esperar cualquier cosa.

¿Qué efectos tuvo el punk en nuestro país?

– Acá estéticamente el punk está totalmente dibujado. Se ve al punkie como el tipo malo, que escupe, toma cerveza, se para los pelos. Pero yo creo más en el movimiento del punk, en toda la fluidez que tiene a nivel impacto revolucionario de música, ideología. A partir del punk se gestó algo nuevo dentro de la música, mezclando todo, que es la idea que nosotros rescatamos: mezclar todo, con un sonido fuerte, distorsionado, una velocidad entre mediana y rápida y abrir un poco la cabeza. El punk no es una moda. Los medios muestran solamente el punk como chic. Cuando sale una alternativa, el sistema se traga una parte pero la alternativa sigue existiendo.

¿Ustedes se consideran punks?

-La influencia punk la tenemos, pero nosotros queremos superarla. No nos interesa el etiquetamiento. Queremos construir y destruir. La alternativa destruye lo establecido y si querés destruir lo establecido creá una alternativa. Porque además el punk no está muerto, está durmiendo la siesta.



Fuente: Revista Crisis