Laura vive en Buenos Aires (CABA, conurbano, AMBA, algo de eso). Sale de su edificio sin hablar con nadie. Para llegar a su trabajo tiene que hacer combinación, un cole y un subte en donde trata de tener las precauciones necesarias por el COVID-19. Llega al trabajo y tiene contacto con las personas que diariamente laburan con ella (tratan de cumplir los protocolos de seguridad e higiene). La madre vive en la otra punta de la metrópolis, la llama día por medio y sabe que está bien.

Marcos vive en Villa Regina. Está a 5 minutos de su trabajo, pasa por la panadería de todos los días a buscar algo para comer. Llega a su trabajo y tiene contacto con las personas que diariamente laburan con él (tratan de cumplir los protocolos de seguridad e higiene) peeero… se conocen desde hace mucho. El sobrino vive de pasada y le quiere llevar un regalito que le compró. Cuando llega a la casa se pone a hablar con un vecino que está podando el árbol. 

Alguien que va a trabajar en Buenos Aires y vuelve a su casa tiene muy poca relación personal en el trayecto. ¿Exposiciones? Sí, sobretodo en el transporte público o en posibles marchas anticuarentena. ¿Desidia gubernamental? Sí, sobretodo la que se arrastra en barrios populares desde hace tiempo. Lo que está claro es que en líneas generales tienen un sistema de salud más preparado para las contingencias.

El problema del aumento de casos influye directamente en la exposición y por ende en la disponibilidad de profesionales de la salud

SI ELLXS SE ENFERMAN, NO EXISTE ASISTENCIA AL RESTO

Alguien que sale en Villa Regina (o en otra localidad chica) pasa a comprar algo. Seguro fue a ver a algún pariente (padre, madre, abuelxs, nietxs, sobris o lo que tenga) porque “pobres”. Quizás se cruzó con el o la vendedora ambulante de siempre y también de paso le compró algo. Sin entrar en los temas espinosos de “tomar mate” con una persona ni en marchar en contra de la cuarentena. Capaz que se juntó a comer algún asadito con amigxs o tomar algo porque “hay pocos casos”. Si nos ponemos a pensar, son sólo pequeñas concesiones.

Sin embargo, el problema con el coronavirus es justamente, la cercanía. La confianza. Cuando en un lugar poblado podés cruzar a mucha gente pero sin tener contacto interpersonal con ninguna, en un lugar chico existe un temor a “qué va a decir si le rechazo el mate”. 

Pensemos esto, con sólo dos “concesiones” que tengamos cada unx. Vos y yo tomamos mate, como tenemos contacto con dos personas (concesiones) sumamos 6 que tenemos contacto de alguna forma. Pero esas otras 4 personas no están estáticas… supongamos que tienen contacto con otras dos cada una. Ya somos 10. Podríamos seguir pero el ejemplo es claro. Por eso no sirve observar la evolución del virus en las ciudades con poca población desde una mirada metropolitana y hay que abordarla con una mayor rigurosidad. En una localidad chica el riesgo de que un caso positivo desate una catarata de contagios es latente y para colmo nuestro sistema de salud no está preparado.

Villa Regina solo cuenta con 10 Respiradores Mecánicos

Hospital Villa Regina (4) + Clinica Central (6)

El riesgo de tomar decisiones políticas sólo en base a las cantidad de habitantes y con una óptica porteñocéntrica supone no observar las distintas realidades de la región. Nuestro sistema de salud está preparado según la cantidad de habitantes (lo que es normal y está bien). El problema es que si no tomamos conciencia y nos cuidamos del peligro de saturar el sistema de salud podemos estar en un problema grave. Un caso en una localidad de 500 habitantes podría ser complejo. No cuidarnos en una localidad de 40.000 habitantes que tiene 10 respiradores también lo es.

Quienes nos gobiernan deberían ver esto con el fin de tomar las decisiones correctas. Para que nuestra “curva de la confianza” no se eleve exponencialmente.

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