Regina o reina, un nombre que marca el territorio, el territorio de una reina. De verdad, ¿alguien vio alguna reina en Villa Regina?

¿Qué sucede con los barrios periféricos de Villa Regina? ¿Hay un paralelismo con lo que acontece en Bs. As.? ¿Porqué no se habla de testeos horizontales de lo social y sólo en el ámbito de la salud?

Realmente, ¿hay o hubo casos en Barrio el Sauce, en 25 de Mayo, en la Graba?

Pareciera que la reina no quiere hablar, los silencios encubren desigualdades y problemas complejos que se sepultan en los sótanos de un castillo aristocrático.

De un lado de la ruta, del otro lado del centro, del costado incierto de una realidad que encubre aquello que no quiere mostrar.

Estigmas de un mundo no deseado por los detentores del poder económico y político, secuelas microscópicas de meteoritos que impactaron justo en las cuerdas vocales de una reina que quedó muda.

Y entonces, nos preguntamos, ¿ y el rey? El rey es Marcelo T. de Alvear, un rey despiadado que mató al Comahue en un batalla que ya nadie habla, una batalla que sepultó al Comahue debajo de una estatua en lo alto de la barda.

¿Que historia retorna como resto indivisible a un presente sin precedentes? Lo fantasmático se actualiza y se filtra por los baches de algunas calles con nombres de asesinos.

Es ahí, en los márgenes del silencio donde se tejen historias indescifrables sobre subterfugios que hacen callar a la angustia y a la desesperación.

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