Curar a veces, aliviar a menudo, acompañar siempre

Hipócrates

Los medios de comunicación no paran de arrojar números, números que son personas desprovistas de historias, de afectividad, de singularidad y sentido.

¿Si a mí me pasa algo también me tranformaré en un número para engrosar a la flamante estadística?

Los números pululan en un vacío espacio virtual que actualiza realidades sociales. Lo incalculable de esta crítica situación pasa por nuestras vidas, y de aquellos que se enfermaron o perdieron a algún ser querido.

Por ahora no hay mensajes para el duelo o el dolor, sólo números.

Estamos embebidos en una hiperinformación monocromática que nos desperzonaliza. Además, tenemos que resignar y hacer un gran esfuerzo para resguardarnos y resguardar al otro.

Esto último plantea una paradoja por la cual debemos protegernos pero al mismo tiempo proteger al otro, pero también, ese otro es un número que fue saqueado de contenido para convertirse en un tema de crecimiento de la curva estadística de una matemática tan abstracta como carente emocional.

Está bien, algunes podrán criticar que la estadística ayuda a organizar y preveer. Sin embargo, la centralización en lo numérico de un mundo numérico nos aleja de lo particular de cada uno. Es así que, paradójicamente, lo numérico digital nos acerca al otro en momentos de cuarentena.

Necesitamos del apoyo de nuestros seres queridos y de mantener las necesidades básicas en estos difíciles momentos. Pero también necesitamos resignificarnos más allá de los oscuros números que nos enceguecen emocionalmente.

El diálogo, la escucha, y el acompañamiento son imprescindibles en etapas críticas. Y no sólo los números, porque en sí, nosotros: no somos números.

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